27 DE NOVIEMBRE NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA ADVOCACIÓN MARIANA

 NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA
ADVOCACIÓN MARIANA


PALABRA DE DIOS DIARIA
La primera aparición de la Medalla Milagrosa tuvo lugar el domingo 18 de Julio 1830, en París, justo en la capilla de la casa central de las Hijas de la Caridad, a una religiosa llamada Catalina Laboure. El padre Aladel, confesor de la vidente, fue quien insertó el relato en el proceso canónico siete años más tarde.
“A las cinco de la tarde, estando las Hijas de la Caridad haciendo oraciones, la Virgen Santísima se mostró a una hermana en un retablo de forma oval. La Reina de los cielos estaba de pie sobre el globo terráqueo, con vestido blanco y manto azul. Tenía en sus benditas manos unos como diamantes, de los cuales salían, en forma de hacecillos, rayos muy resplandecientes, que caían sobre la tierra… También vio en la parte superior del retablo escritas en caracteres de oro estas palabras: ¡Oh María sin pecado concebida!, rogad por nosotros que recurrimos a Vos. Las cuales palabras formaban un semicírculo que, pasando sobre la cabeza de la Virgen, terminaba a la altura de sus manos virginales. En esto volvióse el retablo, y en su reverso viose la letra M, sobre la cual había una cruz descansando sobre una barra, y debajo los corazones de Jesús y de María… Luego oyó estas palabras: Es preciso acuñar una medalla según este modelo; cuantos la llevaren puesta, teniendo aplicadas indulgencias, y devotamente rezaren esta súplica, alcanzarán especial protección de la madre de Dios. E inmediatamente desapareció la visión”.
Esta visión se repitió algunas veces, durante la Misa y durante la oración, siempre en la rue du Bac, de París, cerca de la parada de “Metro” Sèvre-Babylone, detrás de los grandes almacenes “Au Bon Marché” donde está el edificio de las Hijas de la Caridad, en la capilla rectangular y sin estilo definido similar a las miles que existen en las casas religiosas.
¡Oh María sin pecado concebida!, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

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26 DE NOVIEMBRE SAN CONRADO OBISPO

 SAN CONRADO 
OBISPO



PALABRA DE DIOS DIARIA


Etimológicamente significa “ consejero audaz”. Viene de la lengua alemana.
Nos encontramos ante el segundo santo después de la separación luterana de la Iglesia de Roma.
Nació en Venushof el 22 de diciembre de 1818 y murió en la Baja Baviera tal día como hoy del 1894.
No le acompañó la suerte los primeros años de su vida. Se quedó huérfano y tuvo que ponerse a trabajar en la factoría de Venushof.
Los ideales del joven John Birndorfer – así se llamaba antes de entrar en el convento – eran de alcanzar la perfección humana y cristiana hasta el más alto grado que un ser humano puede lograr.
A la edad de 21 años, se dio cuenta de que Dios lo llamaba a una vida monástica , alejada del ruido de la fábrica. Dejó Parzham, renunció a su fábrica, a todo con tal de vivir en la comunidad de los Capuchinos como un hermano lego, es decir, sin llegar siquiera a sacerdote.
Una vez que pronunció ante dios sus votos de obediencia, celibato y pobreza – no miseria – lo enviaron al monasterio de Altötting.
Hay junto al lugar sagrado una gruta de la madre de Dios. Cada año la visitan miles y miles de peregrinos y devotos. A él le gustaba mucho estar ahí atendiendo a la gente como guardián.
Este trabajo lo realizó por espacio de 41 años.
Su paciencia era imperturbable, su atención a la gente brillaba por su amabilidad, sus palabras de aliento, su piedad y su diligencia en cuidar todos los detalles.
Nunca lo vio nadie irritado, nunca dijo una palabra fuera de tono o un juicio contra nadie, aunque su trabajo era inmenso por la mucha gente que acudía al monasterio.
Recibía tantas visitas que apenas tenía tiempo para comer con la comunidad religiosa.
Se ganaba los corazones de los adultos y niños. 
Así lo confirma el hecho de que tres días antes de su muerte, supo que tenía que dejar aquella portería para entrar en las puertas del cielo.

Fue llevado a los altares en el 1934 por el Papa Pío XI.

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25 DE NOVIEMBRE SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA VIRGEN Y MÁRTIR

 SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA 
VIRGEN Y MÁRTIR


PALABRA DE DIOS DIARIA

Santa Catalina, mártir, que, según la tradición, fue una virgen de Alejandría dotada tanto de agudo ingenio y sabiduría como de fortaleza de ánimo. Su cuerpo se venera piadosamente en el célebre monasterio del monte Sinaí.
Nada sabemos con certeza histórica del lugar y fecha de su nacimiento. La historia nos tiene velado el nombre de sus padres. Los datos de su muerte, según la “passio”, son tardíos y están pletóricos de elementos espureos. Por esto, algún historiador ha llegado a pensar que quizá esta santa nunca haya existido. Así, Catalina de Alejandría sería un personaje aleccionador salido de la literatura para ilustrar la vida de los cristianos y estimularles en su fidelidad a la fe. De todos modos es seguro que la fantasía ha rellenado los huecos en el curso del tiempo.
Se la presenta como una joven de extremada belleza y aún mayor inteligencia. Perteneciente a una familia noble. Residente en Alejandría. Versada en los conocimientos filosóficos de la época y buscadora incansable de la verdad. Movida por la fe cristiana, se bautiza. Su vida está enmarcada en el siglo IV, cuando Maximino Daia se ha hecho Augusto del Imperio de Oriente. Sí, le ha tocado compartir el tiempo con este “hombre semibárbaro, fiera salvaje del Danubio, que habían soltado en las cultas ciudades del Oriente”, según lo describe el padre Urbel, o, con términos de Lactancio, “el mundo para él era un juguete”. Recrimina al emperador su conducta y lo enmudece con sus rectos razonamientos. Enfrentada con los sabios del imperio, descubre sus sofismas e incluso se convierten después de la dialéctica bizantina. Aparece como vencedora en la palestra de la razón y vencida por la fuerza de las armas en el martirio de rueda con cuchillas que llegan a saltar hiriendo a sus propios verdugos y por la espada que corta su cabeza de un tajo.

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24 DE NOVIEMBRE SAN ANDRÉS DUNG-LAC PRESBÍTERO Y COMPAÑEROS MÁRTIRES

 SAN ANDRÉS DUNG-LAC Y COMPAÑEROS
MÁRTIRES



VIETNAMITAS
PALABRA DE DIOS DIARIA

Esta memoria obligatoria de los ciento diecisiete mártires vietnamitas de los siglos XVIII y XIX, proclamados santos por Juan Pablo II en la plaza de San Pedro el 19 de junio de 1988, celebra a mártires que ya habían sido beatificados anteriormente en cuatro ocasiones distintas: sesenta y cuatro, en 1900, por León XIII; ocho, por Pío X, en 1906; veinte, en 1909, por el mismo Pío X; veinticinco, por Pío XII, en 1951.

No sólo son significativos el número insuperado en la historia de las canonizaciones, sino también la calificación de los santos (ocho obispos, cincuenta sacerdotes, cincuenta y nueve laicos), la nacionalidad (noventa y seis vietnamitas; once españoles; diez franceses, el estado religioso (once dominicos; diez de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París; otros del clero local, más un seminarista, el estado laical (muchos padres de familia, una madre, dieciséis catequistas, seis militares, cuatro médicos, un sastre; además de campesinos, pescadores y jefes de comunidades cristianas).
Seis de ellos fueron martirizados en el siglo XV, los demás, entre 1835 y 1862; es decir, en el tiempo del dominio de los tres señores que gobernaban Tonkín, Annam y Cochinchina, hoy integradas en la nación de Vietnam.
En gran parte (setenta y cinco) fueron decapitados; los restantes murieron estrangulados, quemados vivos, descuartizados, o fallecieron en prisión a causa de las torturas, negándose a pisotear la cruz de Cristo o a admitir la falsedad de su fe.
De estos ciento diecisiete mártires, la fórmula de canonización ha puesto de relieve seis nombres particulares, en representación de las distintas categorías eclesiales y de los diferentes orígenes nacionales. El primero, del que encontramos una carta en el oficio de lectura, es Andrés Dung-Lac. Nació en el norte de Vietnam en 1795; fue catequista y después sacerdote. Fue muerto en 1839 y beatificado en 1900. Otros dos provienen del centro y del sur del Vietnam. El primero, Tomás Tran-VanThien, nacido en 1820 y arrestado mientras iniciaba su formación sacerdotal, fue asesinado a los dieciocho años en 1838; el otro es Manuel Le-Van-Phung, catequista y padre de familia, muerto en 1859 (beatificado en 1909).
Entre los misioneros extranjeros son mencionados dos españoles y un francés. El dominico español Jerónimo Hermosilla, llegado a Vietnam en 1829, vicario apostólico del Tonkín oriental, fue muerto en 1861 (beatificado en 1909); el otro dominico, el obispo vasco Valentín de Berriochoa, que llegó a Tonkín en 1858, a los treinta y cuatro años, fue muerto en 1861 (beatificado en 1906). 
El francés Jean-Théophane Vénard, de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, llegó a Tonkín en 1854 y fue asesinado a los treinta y dos años (beatificado en 1906): sus cartas inspiraron a santa Teresa de Lisieux a rezar por las misiones, de las que fue proclamada patrona junto con san Francisco Javier. 
LISTA DE LOS 117 MÁRTIRES DE VIETNAM
1 Andrés DUNG-LAC, Sacerdote 21-12-18392 Domingo HENARES, Obispo O.P. 25-06-18383 Clemente Ignacio DELGADO CEBRIAN, Obispo O.P. 12-07-18384 Pedro Dumoulin BORIE, Obispo M.E.P. 24-11-18385 José María DIAZ SANJURJO, Obispo O.P. 20-07-18576 Melchor GARCIA SAMPEDRO SUAREZ, Obispo O.P. 28-07-18587 Jerónimo HERMOSILLA, Obispo O.P. O1-11-18618 Valentín BERRIOCHOA, Obispo O.P. 01-11-18619 Esteban Teodoro CUENOT, Obispo M.E.P. 14-11-186110 Francisco GIL DE FEDERICH, Sacerdote O.P. 22-O1-174511 Mateo ALONSO LECINIANA, Sacerdote O.P. 22-O1-174512 Jacinto CASTANEDA, Sacerdote O.P. 07-11-177313 Vicente LE OUANG LIEM, Sacerdote O.P. 07-11-177314 Emanuel NGUYEN VAN TRIEU, Sacerdote 17-09-179815 Juan DAT, Sacerdote 28-10-179816 Pedro LE TuY, Sacerdote 11-10-183317 Francisco Isidoro GAGELIN, Sacerdote M.E.P. 17-10-183318 José MARCHAND, Sacerdote M.E.P. 30-11-183519 Juan Carlos CORNAY, Sacerdote M.E.P. 20-09-183720 Vicente DO YEN, Sacerdote O.P. 30-06-183821 Pedro NGUYEN BA TUAN, Sacerdote 15-07-183822 José FERNANDEZ, Sacerdote O.P. 24-07-183823 Bernardo VU VAN DUE, Sacerdote 01-08-183824 Domingo NGUYEN VAN HANH (DIEU), Sacerdote O.P. 01-08-183825 Santiago Do MAI NAM, Sacerdote 12-08-183826 José DANG DINH (NIEN) VIEN, Sacerdote 21-08-183827 Pedro NGUYEN VAN TU, Sacerdote O.P. 05-09-183828 Francisco JACCARD, Sacerdote M.E.P. 21-09-183829 Vicente NGUYEN THE DIEM, Sacerdote 24-11-183830 Pedro VO BANG KHOA, Sacerdote 24-11-183831 Domingo TUOC, Sacerdote O.P. 02-04-183932 Tomás DINH VIET Du, Sacerdote O.P. 26-11-183933 Domingo NGUYEN VAN (DOAN) XUYEN, Sacerdote O.P. 26-11-183934 Pedro PHAM VAN TIZI, Sacerdote 21-12-183935 Pablo PHAN KHAc KHOAN, Sacerdote 28-04-184036 Josée DO QUANG HIEN, Sacerdote O.P. 09-05-184037 Lucas Vu BA LOAN, Sacerdote 05-06-184038 Domingo TRACH (DOAI), Sacerdote O.P. 18-09-184039 Pablo NGUYEN NGAN, Sacerdote 08-11-184040 José NGUYEN DINH NGHI, Sacerdote 08-11-184041 Martín TA Duc THINH, Sacerdote 08-11-184042 Pedro KHANH, Sacerdote 12-07-184243 Agustín SCHOEFFLER, Sacerdote M.E.P. 01-05-185144 Juan Luis BONNARD, Sacerdote M.E.P. 01-05-185245 Felipe PHAN VAN MINH, Sacerdote 03-07-185346 Lorenzo NGUYEN VAN HUONG, Sacerdote 27-04-185647 Pablo LE BAo TINH, Sacerdote 06-04-185748 Domingo MAU, Sacerdote O.P. 05-11-185849 Pablo LE VAN Loc, Sacerdote 13-02-185950 Domingo CAM, Sacerdote T.O.P. 11-03-185951 Pedro DOAN LONG QUY, Sacerdote 31-07-185952 Pedro Francisco NERON, Sacerdote M.E.P. 03-11-186053 Tomás KHUONG, Sacerdote T.O.P. 30-01-186154 Juan Teofano VENARD, Sacerdote M.E.P. 02-02-186155 Pedro NGUYEN VAN Luu, Sacerdote 07-04-186156 José TUAN, Sacerdote O.P. 30-04-186157 Juan DOAN TRINH HOAN, Sacerdote 26-05-186158 Pedro ALMATO RIBERA, Sacerdote O.P. 01-11-186159 Pablo TONG VIET BUONG, Laico 23-10-183360 Andrés TRAN VAN THONG, Laico 28-11-183561 Francisco Javier CAN, Catequista 20-11-183762 Francisco DO VAN (HIEN MINH) CHIEU, Catequista 25-06-183863 José NGUYEN DINH UPEN, Catequista T.O.P. 03-07-183864 Pedro NGUYEN DicH, Laico 12-08-183865 Miguel NGUYEN HUY MY, Laico 12-08-183866 José HOANG LUONG CANH, Laico T.O.P. 05-09-183867 Tomás TRAN VAN THIEN, Seminarista 21-09-183868 Pedro TRUONG VAN DUONG, Catequista 18-12-183869 Pablo NGUYEN VAN MY, Catequista 18-12-183870 Pedro VU VAN TRUAT, Catequista 18-12-183871 Agustín PHAN VIET Huy, Laico 13-06-183972 Nicolás BUI DUC THE, Laico 13-06-183973 Domingo (Nicolás) DINH DAT, Laico 18-07-1839 74 Tomás NGUYEN VAN DE, Laico T.O.P. 19-12-1839 75 Francisco Javier HA THONG MAU, Catequista T.O.P. 19-12-1839 76 Agustín NGUYEN VAN MOI, Laico T.O.P. 19-12-183977 Domingo Bui VAN UY, Catequista T.O.P. 19-12-183978 Esteban NGUYEN VAN VINTI, Laico T.O.P. 19-12-183979 Pedro NGUYEN VAN HIEU, Catequista 28-04-184080 Juan Bautista DINH VAN THANH, Catequista 28-04-184081 Antonio NGUYEN HUU (NAM) QUYNH, Laico 10-07-184082 Pietro NGUYEN KHAC Tu, Catequista 10-07-184083 Tomás TOAN, Catequista T.O.P. 21-07-184084 Juan Bautista CON, Laico 08-11-184085 Martín THO, Laico 08-11-184086 Simón PHAN DAc HOA, Laico 12-12-184087 Inés LE THi THANH (DE), Laica 12-07-184188 Mateo LE VAN GAM, Laico 11-05-1847 89 José NGUYEN VAN Luu, Catequista 02-05-1854 90 Andrés NGUYEN Kim THONG (NAM THUONG), Catequista 15-07-185591 Miguel Ho DINH HY, Laico 22-05-185792 Pedro DOAN VAN VAN, Catequista 25-05-185793 Francisco PHAN VAN TRUNG, Laico 06-10-185894 Domingo PHAM THONG (AN) KHAM, Laico T.O.P. 13-01-185995 Lucas PHAM THONG (CAI) THIN, Laico 13-01-185996 José PHAM THONG (CAI) TA, Laico 13-01-185997 Pablo HANH, Laico 28-05-185998 Emanuel LE VAN PHUNG, Laico 31-07-185999 José LE DANG THI, Laico 24-10-1860 100 Mateo NGUYEN VAN (NGUYEN) PHUONG, Laico 26-05-1861101 José NGUYEN DUY KHANG, Catequista T.O.P. 06-11-1861102 José TUAN, Laico 07-01-1862103 José TUC, Laico 01-06-1862104 Domingo NINH, Laico 02-06-1862105 Domingo TORI, Laico 05-06-1862106 Lorenzo NGON, Laico 22-05-1862107 Pallo (DONG) DUONG, Laico 03-06-1862108 Domingo HUYEN, Laico 05-06-1862109 Pedro DUNG, Laico 06-06-1862110 Vicente DUONG, Laico 06-06-1862111 Pedro THUAN, Laico 06-06-1862112 Domingo MAO, Laico 16-06-1862113 Domingo NGUYEN, Laico 16-06-1862114 Domingo NHI, Laico 16-06-1862115 Andrés TUONG, Laico 16-06-1862116 Vicente TUONG, Laico 16-06-1862117 Pedro DA, Laico 17-06-1862
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O.P. : Orden de los Predicadores (Dominicos) T.O.P.: Terciario de la Orden de los Predicadores 
M.E.P.: Sociedad de las Misiones Extranjeras de París

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23 DE NOVIEMBRE BEATO MIGUEL AGUSTÍN PRO SACERDOTE MÁRTIR

 BEATO MIGUEL AGUSTÍN PRO
SACERDOTE MÁRTIR


PALABRA DE DIOS DIARIA
Miguel Agustín Pro Juárez, nació el 13 de enero de 1891 en la población minera de Guadalupe, Zacatecas, tercero de once hermanos e hijo de Miguel Pro y Josefa Juárez. El 19 de agosto de 1911, ingresa al Noviciado de la Compañía de Jesús en El Llano, Michoacán, luego de unos Ejercicios hechos con jesuitas y de haber madurado lentamente la decisión. Ya la familia había dado antes dos vocaciones religiosas en la persona de dos hermanas mayores de Miguel. 

Luego del Noviciado, continúa sus estudios en Los Gatos, California, obligados los jesuitas a abandonar Los Llanos a causa de la presencia de fuerzas carrancistas. Estudia después retórica y filosofía en España. Desempeña el oficio de profesor en el colegio de la Compañía en Granada, Nicaragua y hace la teología en Enghien, Bélgica, donde recibe el presbiterado.
Un juicio imparcial sobre la vida de formación del P. Miguel nos inclina a admitir que gozaba en alto grado de talento práctico, pero que carecía de facilidad para los estudios especulativos, quizá debido a la deficiente enseñanza de sus primeros años. Su gloriosa muerte contribuyó además a que se esfumara el recuerdo de la parte negativa de su temperamento jocoso, bromista y agudo. 
Una úlcera estomacal, la oclusión del píloro y toda la ruina del organismo hicieron prever un desenlace rápido al final de sus estudios en Bélgica. “Los dolores no cesan -escribe en una carta íntima-. Disminuyo de peso, 200 a 400 gramos cada semana, y a fuerza de embaular porquerías de botica, tengo descarriado el estómago… Las dos operaciones últimas estuvieron mal hechas y otro médico ve probable la cuarta”. Luego detalla el insoportable régimen dietético que se le hace sufrir. Su organismo se reduce a tal extremo que sus superiores en Enghien tratan de apresurar el regreso a México, para que la muerte no lo recoja fuera de su patria. 
En esta situación realiza su anhelo de viajar a Lourdes, al pie del Pirineo, donde espera una intervención de la Virgen que le devuelva las fuerzas que necesitará en México para ayudar a los católicos entonces vejados por una persecución. La prisión, el fusilamiento y el destierro están a la orden del día. 
De la visita a la célebre gruta, escribe: “Ha sido uno de los días más felices de mi vida… No me pregunte lo que hice o qué dije. Sólo sé que estaba a los pies de mi Madre y que yo sentí muy dentro de mí su presencia bendita y su acción”. Esa experiencia mística es para leerse entera en su vida. Sabemos por ella que la Virgen le prometió salud para trabajar en México. El exorbitante trabajo que tuvo los meses que vivió en la capital desde su llegada en julio de 1926, realizado además mientras huía de casa en casa para despistar a los sabuesos que seguían sus pasos, no hubiera podido ser ejercido por un individuo de mediana salud, y menos por uno tan maltratado como Miguel Agustín, de no haber sido por la intervención de la Madre de Jesucristo.
Así le sorprende el fracasado intento de Segura Vilchis para acabar con Obregón, el presidente electo. Las bombas de aquel católico exasperado estaban tan mal hechas que ni siquiera causaron desperfectos graves en el coche abierto del prócer. El lng. Segura había procedido con todo sigilo para preparar y ejecutar el acto. Nadie, sino el chofer y dos obreros estaban enterados. La liga de Defensa Religiosa, y por tanto Humberto y Roberto Pro, hermanos del Padre, y el mismo Padre, fueron ajenos al plan magnicida. 
El Papa Pío XI había defendido a los católicos mexicanos y había condenado la injusta persecución en tres ocasiones a través de documentos públicos dirigidos al mundo. Calles, el perseguidor, estaba irritadísimo contra él; pero no pudiendo descargar sus iras contra un enemigo tan distante las descargó contra un eclesiástico, el P. Pro, al que la indiscreción de una mujer y un niño hizo caer en las garras de la policía mientras cometía sus cotidianos delitos de llevar la comunión, de confesar o socorrer a los indigentes. Calles se vengaría del Papa en un cura… Y aprovechando que el P. Pro estaba en los sótanos de la Inspección de Policía atribuyó a él y a sus hermanos la responsabilidad de un acto cuyo verdadero autor no había podido ser descubierto. 
El autor verdadero, el lng. Segura Vilchis, había ágilmente saltado del automóvil desde el que arrojó la fallida bomba. Luego siguió caminando impertérrito por la banqueta mientras preparaba una coartada admirable. Obregón se dirigía a los toros. Segura Vilchis, sin ser reconocido por los esbirros, entró a la plaza detrás del general, buscó su palco y encontró el modo de hacerse bien visible y reconocible por éste. Así podía citarlo como testigo de que él se hallaba en los toros pocos minutos después del atentado. 
No obstante, enterado por las extras de los periódicos de que acusaban al padre Pro y a sus hermanos Humberto y Roberto del lanzamiento de la bomba, Segura Vilchis resolvió su caso de conciencia y corrió a la Inspección de Policía para presentarse al general Roberto Cruz, Inspector General y, previa palabra de honor de que soltaría a los Pro, que nada tenían que ver con el delito, se ofreció a decir quién era el verdadero autor. Se delató a sí mismo y probó con toda facilidad que lo era. Con todo, de la Presidencia de la República llegó la orden directa de fusilar a los Pro y a Segura Vilchis, sin sombra de investigación judicial. 
Así el 23 de noviembre de 1927, a la puerta del fatídico sótano, y minutos después de la diez de la mañana, un policía llamo a gritos al preso: “¡Miguel Agustín Pro!” Salió el padre y pudo ver el patio lleno de ropa y de invitados como a un espectáculo de toros, a multitud de gente, a unos seis fotógrafos por lo menos y a varios miembros del Cuerpo Diplomático “para que se enteraran de cómo el gobierno castigaba la rebeldía de los católicos”. 
El padre Pro caminó sereno y tuvo tiempo de oír a uno de sus aprehensores, que le susurraba: 
-Padre, perdóneme. 
-No sólo te perdono -le respondió-; te doy las gracias. 
-¿Su última voluntad? -le preguntaron ya delante del pelotón de fusilamiento. 

-Que me dejen rezar. 

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